El viernes 27 de enero
pasado, la Comisión Permanente del Poder Legislativo realizó una sesión
extraordinaria de homenaje al Día Internacional de Conmemoración de las
Víctimas del Holocausto, de la que informáramos oportunamente. Por la noche, se
emitió la Cadena Nacional de Radio y Televisión en la que hizo uso de la
palabra la Ministra de Educación y Cultura, Dra. María Julia Muñoz. Dicha
cadena podrá verse en el link al final del artículo
Presidencia de la República
“No podemos avalar la indiferencia y callar
ante los prejuicios”, dijo este viernes la ministra de Educación y Cultura,
María Julia Muñoz, en su mensaje por radio y televisión por el Día de
Conmemoración del Holocausto. Destacó la “necesidad de aprender del pasado
porque, sin saber de dónde venimos, difícilmente sabremos adónde podremos
llegar”. “El Poder Ejecutivo de Uruguay convoca al compromiso por el ‘Nunca
Más’”, recalcó.
“No podemos denunciar la injusticia solo
cuando nos toca, nada de lo humano nos debe ser indiferente y por ello
condenamos todo acto terrorista en cualquier lugar y en cualquier tiempo”,
sostuvo Muñoz en el mensaje simultáneo por radio y televisión con motivo del
Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto,
proclamado por la Organización de las Naciones Unidas como jornada de reflexión
y homenaje.
Muñoz indicó que la fecha elegida es por la
llegada el 27 de enero de 1945 de la avanzada del ejército de la hoy
desaparecida Unión Soviética al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau,
en la Polonia ocupada entonces por Alemania, que habían montado las fuerzas
nazis. Solo en ese lugar “fueron asesinados un millón y medio de seres humanos
por una maquinaria de la muerte”, indicó.
Invitó así a “no mirar para otro lado y hacer
lo que esté al alcance de cada uno para evitar el desarrollo de una tendencia
al exterminio del otro”.
“Como sociedad no podemos avalar la
indiferencia, la prescindencia, el silencio, la mentira; no podemos callar ante
los prejuicios, los estereotipos, la discriminación, la xenofobia, el racismo”,
exhortó.
“Nuestro homenaje es a los seis millones de
asesinados del pueblo judío y también a los millones de personas con algún tipo
de capacidad diferente, opositores políticos como comunistas y socialistas,
testigos de Jehová, gays, lesbianas y travestis, prostitutas y a todos aquellos
que generaron una permanente resistencia”. “Nos ubicamos en lugar de los
desposeídos y los discriminados”, enfatizó.
“Hay pasados que no pasan”
En otro tramo de su alocución, Muñoz dijo que
“conocer, aprender y asimilar el pasado humano adquiere un significado singular
cuando la materia de estudio son los extremos de la maldad y de la
solidaridad”. Agregó que “nos ayuda a distinguir y aprender hasta dónde puede
llegar el ser humano”.
“El testimonio ha sido la fuerza para
construir una memoria ejemplar ante los continuos intentos de olvido y negación”,
apuntó. “Hay pasados que no pasan, son aquellos que nos siguen interpelando y
enseñando”, señaló.
También sostuvo que aporta a genera esa
consciencia “el conocer los límites y alcances del poder del Estado, así como
adquirir herramientas para construir una sociedad más plural y democrática sin
distinciones ni excluidos”.
“El genocidio es un delito de lesa humanidad
que podemos saber cuando comienza, pero no cuándo termina, porque es de
carácter permanente, pasa de generación en generación y afecta una gama muy
grande de personas, no solo a las directamente involucradas”, detalló.
“Nunca podremos negar la necesidad de aprender
del pasado porque sin saber de dónde venimos, difícilmente sabremos a dónde
podremos llegar”, subrayó.
Liceo Mordechai Anielewicz
La ministra anunció en su mensaje que, en
atención a una iniciativa ciudadana, en el año lectivo que comenzará en marzo
un liceo de Montevideo pasará a llevar el nombre de Mordechai Anielewicz, quien
con solo 24 años lideró el levantamiento en 1943 del Gueto de Varsovia, “el
mayor combate civil contra el régimen nazi” en la Segunda Guerra Civil
(1936-1945).
Resaltó que Anielewicz “se unirá al de otras
figuras relevantes perseguidas por poderes antidemocráticos y dictatoriales
cuyos nombres honran la educación pública uruguaya como las escuelas Ana
Vinocur, Elena Quinteros, Ana Frank, Julio Castro y Nelson Mandela”.
“Hoy más que nunca, como sociedad, necesitamos
reflejarnos en referentes éticos que con sus luchas nos legaron la enseñanza de
convivir en paz, sin discriminación”, argumentó.
“La misión de la educación es enseñar
aprendiendo en la diversidad con el respeto al otro, sin violencia y como
protagonistas de una sociedad en paz donde del debate fluya el conocimiento”,
expresó.
Finalmente Muñoz citó a Ana Vinocur, al
señalar que «no podremos borrar nunca lo que hemos soportado, tampoco
podremos recuperar lo que hemos perdido, ni todas las riquezas del mundo
agolpadas lograrían borrar las huellas tatuadas en nuestros corazones”.
Siempre en palabras de esta judío-polaca, que
logró sobrevivir al Holocausto y vivió hasta su muerte en Uruguay, la ministra
señaló que “a pesar de todo tenemos que seguir adelante y edificar nuestro
futuro. No se debe permitir que los tiranos lleven al mundo hacia la
esclavitud. Es necesario que las futuras generaciones sepan defender,
comprender y apreciar la palabra Libertad».
Texto completo de la Cadena Nacional
Yo quiero recordar, tú quieres recordar,
nosotros recordamos
En un día como hoy, 27 de enero, pero de 1945
un grupo de avanzada del ejército soviético avistó el campo de concentración de
Auschwitz en la Polonia ocupada por las fuerzas nazis. Estos ya habían huido
del campo, pero los sobrevivientes, enfermos y hambrientos, ya casi no podían
moverse. 1 millón y medio de seres humanos, mujeres y hombres, niños y ancianos
fueron asesinados en ese campo por una maquinaria de la muerte.
Primo Levi recuerda aquel ansiado día del
cierre de Auschwitz “eran cuatro soldados jóvenes a caballo que avanzaban
cautelosamente metralla en mano. Cuando llegaron a las alambradas se pararon a
mirar intercambiando palabras breves y tímidas, dirigiendo miradas llenas de un
extraño embarazo a los cadáveres descompuestos, a los barracones destruidos y a
los pocos vivos que allí estábamos. No nos saludaban, no sonreían; parecían
oprimidos, más aún que por la compasión, por una timidez confusa que les
sellaba la boca y clavaba su mirada sobre aquel fúnebre espectáculo. Era la
misma vergüenza que conocíamos tan bien, la que nos invadía después de las
selecciones, y cada vez que nos tocaba asistir a un ultraje o soportarlo; la
vergüenza que los alemanes no conocían, la que siente el justo ante la culpa
cometida por otro”.
En el año 2006 las Naciones Unidas definió
este día como una jornada de reflexión y homenaje a las víctimas del genocidio,
en nuestro país el Poder Ejecutivo convoca por este medio al recuerdo y
compromiso de Nunca Más.
Nuestro mensaje no es ni quiere ser
“inocente”. Quiero invitar a no mirar para otro lado, y a hacer lo que esté al
alcance de cada uno de nosotros para evitar el desarrollo de esa tendencia al
exterminio del otro que la sociedad occidental podría patentar como propia, no
porque le sea exclusiva, sino porque la ha desarrollado a niveles que hasta
antes del siglo XX difícilmente alguien habría podido imaginar.
El testimonio ha sido la fuerza para construir
una memoria ejemplar ante los continuos intentos de olvido y negación. Hay
pasados que no pasan, son aquellos que nos siguen interpelando y enseñando. Sin
saber de dónde venimos difícilmente sabremos a donde podremos llegar.
Rememoró Pola Liberman, sobreviviente que
residió en Uruguay (…) “Hacía apenas unos días que llegamos a ese infierno
llamado Auschwitz. Miles de preguntas pasaron por mi mente, pero sin
respuestas. Es el cementerio más grande del mundo”.
Enrique Benkel, quien también residió en
Uruguay recordó, ““un número imborrable sustituía al nombre y al apellido. El
individuo, grabado con dicho número, de hecho fue convertido en esclavo. En
caso de fugarse alguno, éste facilitaría su identificación. Sólo en Auschwitz
los nazis utilizaban este método degradante”.
Isabela Matrai de Primo, escribió “llegué al
Uruguay en el año 1947. Aquí me casé. Formamos un hogar con dos hijos. Soñamos
en darles todo lo que tan brutalmente nos habían quitado. Soñamos en un futuro
mejor, pero el pasado era muy triste y fuertemente me atormentaba. No me dejaba
en paz durante el día y con pesadillas por las noches. Cinco años infernales de
terror, miedo y hambre en el Ghetto de Lódz, mi ciudad natal – y otro año
terrible en los campos de concentración como Auschwitz, Berlín y otros.
Continuamente me preguntaba si realmente era cierto todo lo que ocurrió.
¿Podría existir tanta, tanta maldad humana? Y desgraciadamente tenía que
contestarme a mi misma que sí, que existió todo este infierno”.
Enrique Bergazin, quien también vino a vivir a
Uruguay, no se cansó de pensar en su hermana de 6 años asesinada, cuando le
preguntó “¿Por qué nos echaron de nuestra casa? ¿Qué podía responderle yo?”.
“Decidí dejar Alemania y buscar a mis tíos que
vivían en Uruguay”, comentó Ester Morgenstern de Bergazin, ya fallecida, “Atrás
quedaron las sombras, las penurias y tantas otras crueldades que formaron parte
del infierno del régimen nazi. Dentro de mi corazón y mi mente quedó la eterna
pregunta: ¿por qué? ”.
“El bloque ‘C’ donde nos encontrábamos
“perteneció” anteriormente a los gitanos; luego todos asesinados”, evocó Basia
Weinberger de Taube. En otro pasaje confesó “al poco tiempo conocí a Idek,
quien luego sería mi esposo. Como mis únicos parientes vivían en Uruguay,
emigramos allí. El, que falleció hace años, tuvo la buena idea de conservar su
traje de prisionero del campo de concentración de Auschwitz con el número
144433, el cual donó al Museo del Holocausto de Montevideo”.
Ana Vinocur, emblema de la memoria cuyo nombre
engalana una Escuela pública de Montevideo, nos enseñó que “aunque no podremos
borrar nunca de nuestra mente lo que hemos soportado, ni tampoco recuperar lo
perdido, debemos buscar el camino de la tan anhelada paz, y no permitir que los
tiranos lleven al mundo hacia la esclavitud”.
El genocidio es un crimen que podemos saber
cuando comienza pero no cuando termina. Como delito de lesa humanidad es de
carácter permanente, continúa pasando de generación en generación y afecta a
una gama muy grande personas, no sólo a las directamente involucradas.
Nuestro homenaje es a los 6 millones de
asesinados del pueblo Judío, y también a los millones de personas que con algún
tipo de capacidad diferente fueron asesinados al igual que a opositores
políticos (comunistas y socialistas), a Testigos de Jehová, a gay/ lesbianas y
travestis, a prostitutas, y a todos aquellos que a sabiendas que su lucha no
tenía posibilidad de triunfo generaron una permanente resistencia, en algunos
casos armada, en la mayoría de las veces de carácter espiritual o a través de
la solidaridad con los perseguidos.
Al millón y medio de niños judíos a los no les
permitieron crecer y aportar al mundo su sangre nueva. Hoy sabemos que muchos
de ellos fueron el sostén de sus padres y abuelos para conseguir alimentos en
los Ghettos, arriesgando sus vidas por su familia.
A los combatientes del Ghetto de Varsovia y
del campo de exterminio de Treblinka y a los que desde los bosques dieron
ejemplo de valentía y dignidad.
A sociedades, en particular la danesa, que
enfrentó en colectivo la deportación de judíos de su país, y de esa manera
salvó a la mayoría de la muerte.
Conocer, aprender y asimilar el pasado humano
adquiere un significado singular cuando la materia de estudio son los extremos
de maldad y los de bondad y solidaridad. Nos ayuda a distinguir y aprender
hasta dónde puede llegar el ser humano. Nos aporta el conocer los límites y
alcances del poder del Estado así como adquirir herramientas para construir una
sociedad más plural y democrática sin distinciones ni excluidos. Siempre miramos
al pasado, a veces con cierta indiferencia y en otras con afectividad, pero
nunca podremos negar la necesidad de aprender de él.
Como sociedad no podemos avalar la
indiferencia, la prescindencia, el silencio, la mentira, la falta de
compromiso. No podemos callarnos ante los prejuicios, los estereotipos, la
discriminación, la xenofobia, el racismo. No podemos denunciar la injusticia
sólo cuando nos toca a nosotros, cuando nos duele a nosotros. Nada de lo humano
nos debe ser indiferente, por ello condenamos todo acto terrorista en cualquier
lugar y en cualquier tiempo. Nos ubicamos en el lugar de los desposeídos y de
los discriminados.
Luís Pérez Aguirre S.J. sostenía que todavía
somos analfabetos en Derechos Humanos. Tal vez llegó el momento de re pensarnos
y re prensar nuevas pautas de convivencia democrática, formular una nueva Carta
de Derechos donde lo y el humano sea el centro con toda la diversidad
existente, y donde la libertad y los derechos sean una utopía en permanente
construcción.
En el año lectivo que se iniciará en marzo del
corriente, un Liceo del departamento de Montevideo llevará el nombre de
Mordejai Anilevich atendiendo a una iniciativa ciudadana presentada tiempo
atrás. Mordejai con solo 24 años lideró el levantamiento del Ghetto de Varsovia
en 1943, el mayor combate civil contra el régimen nazi. Su nombre se unirá al
de otras figuras relevantes perseguidas por poderes antidemocráticos y
dictatoriales, cuyos nombres honran la educación pública, como la nombrada
Escuela Pública Nº 359 Ana Vinocur; Escuela Pública Nº 181 Mtra. Elena
Quinteros, Escuela Pública Nº 271 Ana Frank, Escuela Pública Nº 269 Mtro. Julio
Castro, Escuela Pública Nº 183 Nelson Mandela.
Hoy más que nunca como sociedad necesitamos
reflejarnos en referentes éticos que con sus luchas nos legaron la enseñanza de
convivir en paz sin discriminación de clase alguna. Con dignidad vivieron y con
dignidad murieron. Sus legados son guías en la educación de nuestros niños y
jóvenes.
La Ley de Educación Nº 18.437 en su artículo 4
afirma de manera categórica que “La educación tendrá a los derechos humanos
consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la
Constitución de la República y en el conjunto de los instrumentos
internacionales ratificados por nuestro país, como elementos esenciales
incorporados en todo momento y oportunidad a las propuestas, programas y
acciones educativas, constituyéndose en un marco de referencia fundamental para
la educación en general y en particular para los educadores en cualquiera de
las modalidades de su actuación profesional”.
La misión de la educación es enseñar
aprendiendo en la diversidad el respeto al otro, al “diferente”; convivir sin
violencia de ningún tipo ni física ni verbal ni gestual. Ser protagonistas de
una sociedad en paz donde del debate fluya el conocimiento.
“La democracia, – sentenció Chil Rachjman
sobreviviente del Holocausto también residente en Uruguay hoy fallecido, –
requiere la participación activa, reflexiva y responsable de todos. Está en
nosotros evitar que aquellos episodios como éstos continúen repitiéndose.
Trabajemos juntos por un Nunca Más”.
Finalizamos con la palabra de Ana Vinocur
quien alerto: “No podremos borrar nunca lo que hemos soportado, tampoco
podremos recuperar lo que hemos perdido, ni todas las riquezas del mundo
agolpadas lograrían borrar las huellas tatuadas en nuestros corazones. A pesar
de todo tenemos que seguir adelante y edificar nuestro futuro. No se debe
permitir que los tiranos lleven al mundo hacia la esclavitud. Es necesario que
las futuras generaciones sepan defender, comprender y apreciar la palabra
LIBERTAD”.
(Texto completo de la Cadena Nacional de Radio
y Televisión con motivo del Día de Recordación del Holocausto al Pueblo Judío)
Ministra Muñoz instó a mantener viva la memoria y a no ser indiferentes ante la discriminación y la xenofobia
30/Ene/2017